En el extremo sur de España, sobre el Estrecho de Gibraltar, se alzan 3 monumentales cañones Vickers de 381 mm. Son reliquias de la época de los grandes acorazados y los últimos cañones costeros fijos del mundo. Nunca dispararon un tiro en batalla, y durante más de 60 años fueron el guardián silencioso de las costas españolas y un símbolo de la evolución de la artillería naval. Hoy son un testimonio de la historia del siglo XX y una atracción turística única.
¿Qué leerá en esta nota?
- Al acecho del Estrecho de Gibraltar: ubicación estratégica de Paloma Alta
- Los últimos cañones del mundo, o la historia de los cañones Vickers
- Despliegue y destino de los cañones costeros españoles
- Servicio de combate sin lucha: 66 años de historia de Paloma Alta
Paloma Alta: vigilancia del Estrecho de Gibraltar
Se trata de un complejo único de una antigua batería de artillería, situado en la ladera sur de la Sierra de San Bartolomé, a unos 13 kilómetros de Tarifa. Situado a 190 metros sobre el nivel del mar, ofrece una vista del impresionante panorama del Estrecho de Gibraltar – uno de los cuerpos de agua más estratégicos del mundo, donde las rutas comerciales y de civilización han cruzado durante miles de años. Fue aquí, en el corazón de la „puerta entre el Atlántico y el Mediterráneo”, donde España mantuvo durante décadas la última batería de artillería costera activa del mundo.
Los últimos cañones del mundo – una historia de los cañones Vickers
En el corazón del Paloma Alta se encuentran tres cañones Vickers-Armstrong de 15 pulgadas (381/45mm) de calibre, modelo 1926. Se trata de diseños impresionantes, concebidos originalmente para el acorazado brasileño Riachuelo, pero que no llegó a completarse. Fabricados en la factoría británica Barrow & Furnes Co., llegaron a España entre 1926 y 1930.
Las versiones españolas diferían de los cañones de los buques de la Royal Navy (por ejemplo, el Battleship Hood): tenían cañones más largos (45 calibres frente a 42), lo que aumentaba el alcance, algo crucial en la artillería costera. España adquirió los 18 que se fabricaron.
Hasta finales de la década de 1930, la costa española del Estrecho de Gibraltar carecía de artillería fija. Algunos historiadores especulan con la existencia de un acuerdo informal hispano-británico para no instalar cañones con alcance para lanzar cohetes contra Gibraltar. La Segunda Guerra Mundial supuso un cambio: a partir de 1940. España comenzó a instalar 18 posiciones de artillería costera de diversos calibres, desde Cádiz hasta Ceuta y Melilla. Los cañones más pesados se instalaron en Tarifa.
La primera batería de Paloma Alta (dos cañones de 381 mm) trasladada desde Ferrol entró en servicio en 1942, pero debido a un accidente durante la última fase del montaje uno de los dos cañones quedó destruido. Se decidió entonces reasignar desde Favarix y montar en Paloma Alta una segunda batería completa, que entró en servicio en enero de 1944. De este modo se creó una batería de artillería de costa totalmente inusual, compuesta por tres cañones de 381 mm de calibre.

Despliegue y destino de los cañones pesados costeros españoles
Durante el periodo de preparación de la defensa española, se desplegaron cañones costeros pesados en las tres bases navales principales, que desempeñaban un papel estratégico en el sistema de protección de la costa.
Ocho cañones se encontraban originalmente en Ferrol (Galicia). Dos de ellos, situados en Campelo Alto, fueron trasladados entre 1940 y 1941 a Tarifa para reforzar la línea defensiva sur.
Cuatro cañones estaban estacionados en Cartagena. Dos de ellos -en el emplazamiento de Cenizas- se conservan hoy como atracción turística, lo que permite contemplarlos en su emplazamiento original. El otro par, en Castillitos, se ha incorporado a un parque y un mirador, creando uno de los lugares más pintorescos de la costa española.
En Menorca, en Mahón, se desplegaron seis cañones. Dos de ellos se ubicaron en la fortaleza de La Mola, donde actualmente funciona un museo. Los cañones de Favarix fueron trasladados a Tarifa entre 1942 y 1943, mientras que los de Llucalara fueron adaptados para el turismo, combinando una función histórica y recreativa.
El balance total del destino de estas poderosas piezas de artillería es elocuente: cuatro cañones han sido desguazados, uno ha sido destruido, diez se han habilitado como museos y tres siguen en pie en el recinto militar de Paloma Alta. De este modo, los antiguos pilares de la defensa se han transformado en un elemento del patrimonio histórico, atrayendo a turistas y aficionados al ejército.

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Evolución tecnológica de la artillería: de la mecánica a la electrónica
La primera fase (1940-1943) se basó en los dispositivos Vickers, máquinas contadoras electromecánicas que ofrecían una gran eficacia, pero que sólo podían accionar un cañón a la vez, lo que limitaba el potencial de fuego de la batería.
La segunda fase (1943-1985) fue la era del sistema Costilla, un desarrollo original español del coronel Juan Costilla. Este sistema se adaptó al inusual tamaño de la batería y ya permitía el control simultáneo del fuego de tres cañones, aumentando significativamente la potencia de fuego de la batería. Incluso después de la introducción de tecnología más moderna, se mantuvo como sistema de reserva.
La tercera fase (1985-2008) trajo consigo la plena electronificación en forma del sistema Philips 9KA-410. Estaba equipado con ordenadores, sensores electroópticos y radar, lo que permitía un control preciso y automatizado del fuego.
Hasta 1972, la base del sistema de puntería seguía siendo la óptica clásica: telémetros Barr & Stroud con una base de 9,4 m, apoyados por auxiliares de 2,4 m más pequeños. Sólo más tarde fueron sustituidos por el radar Marconi RX80, aunque la óptica seguía actuando como reserva de emergencia. Algunos de estos equipos pueden verse hoy en el Museo del 4º Regimiento de Artillería de Costa de Cádiz.
Igualmente impresionante era el sistema de propulsión e hidráulico. Cada cañón funcionaba con un motor semidiesel de 125 CV, que generaba energía hidráulica y se apoyaba en una enorme batería de 100 toneladas en forma de cilindro vertical. Además, el motor de 25 CV suministraba corriente continua de 24 V, lo que garantizaba la estabilidad del funcionamiento. La última actualización importante se llevó a cabo en 1992 en los astilleros Bazán (ahora Navantia).
En las últimas décadas, la Paloma Alta ha sido una combinación única de mecánica de los años 20 y electrónica de los 80, controlando cañones con un pedigrí puramente mecánico.
Servicio de combate sin disparar un tiro, o 66 años de historia de Paloma Alta
La batería Paloma Alta permaneció en servicio activo desde 1942 hasta septiembre de 2008. – 66 años, siendo en los últimos años la última batería de artillería costera permanente del mundo. Nunca realizó fuego de combate, y durante décadas tuvo una función disuasoria y de adiestramiento. Durante el ejercicio se efectuaron un total de 389 disparos (aproximadamente 130 salvas por cañón). La última salva se disparó el 24 de septiembre de 2008 a las 12:02, tras lo cual la batería Paloma Alta puso fin a su servicio.

